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Seguridad hídrica en México: Porque estamos gestionando los recursos hídricos bajo un enfoque equivocado

En el ámbito de la consultoría, solemos asumir que la medición o la implementación de indicadores es la parte central de la gestión. Sin embargo, a pesar de que en el contexto mexicano enfrentamos un reto relevante: estamos midiendo muchas variables correctas, pero son interpretadas bajo paradigmas obsoletos.

A pesar de los esfuerzos institucionales y la existencia de un andamiaje institucional relativamente robusto, la conceptualización de la seguridad hídrica sigue siendo un objetivo esquivo y poco claro dentro de la política hídrica nacional. Un análisis profundo de la situación actual muestra las siguientes brechas conceptuales:

Brecha de infraestructura.

Históricamente, el éxito de la política hídrica se ha medido por la infraestructura instalada. No obstante, las cifras de “cobertura” son engañosas. Mientras que el acceso oficial a fuentes de agua es alto, la realidad de las comunidades es distinta: el acceso a agua entubada, es decir, hogares con el acceso en cantidad y calidad contrastante, es alarmantemente bajo en regiones críticas (llegando a niveles de apenas el 54.8% en ciertas zonas del sur). Si a esto sumamos los hogares que a pesar de estar estadísticamente conectados a la red, reciben agua por medios alternativos o por tandeo, este número es aún mucho menor.

Como consultores, debemos señalar que la seguridad hídrica no es “tener un tubo”, sino garantizar la continuidad, la presión y, sobre todo, la potabilidad del recurso. Gestionar la infraestructura sin gestionar el servicio es una inversión sin retorno social.

    Brecha de sostenibilidad

    El enfoque actual es mayoritariamente extractivo, mediante el cual los recursos hídricos son dependientes de acuíferos y aguas superficiales que son extraidas a una velocidad que supera por mucho las capacidades naturales de recarga. En suma, seguimos diseñando ciudades y zonas industriales que “repelen” el agua de lluvia hacia el drenaje en lugar de captarla, y se cuentan con estrategias débiles de economía circular del agua que promueven su recircularidad y reuso.

    La consultoría moderna debe transitar hacia soluciones basadas en la naturaleza. No podemos pretender seguridad hídrica en un modelo donde la tasa de extracción supera por mucho la tasa de renovación natural, exacerbada por una variabilidad climática que ya no es una predicción, sino una realidad cotidiana.

    Brecha de información

    Brecha de gobernanza

    Hacía una consultoría de resiliencia

    El futuro de la gestión hídrica en México no está en encontrar “más agua”, sino en gestionar con inteligencia la que tenemos. Esto requiere un cambio de visión: de la ingeniería de obras a la ingeniería de sistemas complejos. Solo así podremos transformar el riesgo climático en una oportunidad de desarrollo sostenible y seguro.

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